Período
Greco-Romano

Del punto de vista político el continente griego
se alejó, definitivamente, del centro de los acontecimientos.
Con el establecimiento del Imperio Romano en 27 a. C., Macedonia
y los territorios de Grecia Continental se convirtieron en simples
provincias romanas. Las antiguas ciudades, ahora meros centros municipales,
se beneficiaron de la paz Romana y cesaron sus eternas disputas
armadas. Los juegos continuaron siendo disputados y los festivales
celebrados; muchas instituciones políticas tradicionales
conservaron los nombres y la influencia local a pesar de la interferencia
del gobierno romano. Atenas mantuvo el estatus de ciudad universitaria,
donde los romanos de posesiones iban a completar su educación
en filosofía y retórica. La cultura griega fue adoptada
por la élite romana y la ciudad de Roma se convirtió
en el más nuevo y más importante centro de cultura
helénica. Pero el Imperio Romano, en el fin del siglo III,
comenzó a derrumbarse. El desgobierno era tan grande que
en 395 los bárbaros visigodos consiguieron saquear Atenas,
Corinto y otras importantes ciudades griegas. en ese mismo año,
el emperador Teodósio I dividió formalmente el Imperio
en dos, y Grecia fue incorporada al Imperio del Oriente. La sede
era la ciudad de Constantinopla, fundada en 330 d. C. por el emperador
Constantino al lado de la antigua ciudad griega de Bizancio (de
ahí el nombre "Imperio Bizantino"). En el Oriente,
la cultura griega sobreviviría aún durante muchos
siglos (hasta 1453 d. C., específicamente); su influencia
sería explícita a partir de 610 d. C. a 641 d. C.,
cuando el griego se convirtió en la lengua oficial del Imperio
Bizantino, a pesar de la oposición de los cristianos, ahora
dominantes, a cualquier forma de paganismo. La Iglesia Cristiana
absorbió muchas cosas de la antigua cultura griega; a pesar
de eso, hizo mucha presión para acabar con el paganismo.
En 394 d. C., fueron disputados los últimos juegos olímpicos,
por orden del Emperador Teodósio; en 529 d. C., las escuelas
de filosofía de Atenas fueron cerradas por orden del Emperador
Justiniano - y ese fatídico año de 529 d. C. marcó,
sin dudas, el fin del ímpetu y del vigor creativo de la antigua
cultura griega.
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