Período
Bizantino

En el año 324 d. C., Konstantinos era el emperador
del Imperio Romano, cuando ocurrió la ruptura del Imperio
debido a la invasión de los bárbaros. El Imperio fue
dividido en Imperio del Occidente e Imperio del Oriente. El Imperio
del Oriente tuvo como líder Konstantino, y la capital pasó
a ser Konstantinopla. Y así comenzó la larga historia
bizantina. El término "Bizantino" surgió
justamente por causa de la elección de la capital del Imperio.
Konstantinopla era una colonia griega donde vivían los bizantinos,
que cambió de nombre para Konstantinopla a pedido del emperador
Konstantino. Las figuras de Konstantino y Justiniano predominaron
durante el periodo de 324 a 610. Asimilando la cultura y tradición
romana, los emperadores delineaban las bases para el desarrollo
y la formación del Imperio Bizantino. En el inicio del Imperio
Bizantino, los esfuerzos se concentraban en asegurar los límites
del Imperio y recuperar los antiguos territorios romanos. Al mismo
tiempo, se estableció la doctrina Ortodoxa, lo que generó
en el inicio muchos conflictos heréticos en el territorio
bizantino. A partir del año 610, tuvo inicio el Periodo Medio
del Imperio. Los bizantinos fueron atacados por antiguos enemigos
de los romanos, como los persas, langobards, avars, eslavos, así
como algunos nuevos enemigos, como los árabes y los búlgaros.
Una característica especial de estas guerras es que ellas
no ocurrían en los territorios limítrofes del Imperio,
sino dentro de él, inclusive ofreciendo bastante peligro
para la capital. Con el pasar del tiempo, estos enemigos pasaron
a establecer estados opositores al Imperio Bizantino dentro de su
territorio.
Cambios fueron observadas en la estructura interna
del Imperio, cambios estas dictadas por factores internos y externos.
Pasó a existir la predominancia de pequeños agricultores,
expansión de los estados militares y desarrollo de la cultura.
La propia administración del Imperio pasó por algunos
cambios: el estado se estaba gradualmente helenizando, mientras
la restauración de la Ortodoxia después del movimiento
iconoclasta permitió el sucedido retorno de las acciones
misioneras entre vecinos. La influencia cultural aumentó.
Durante este periodo, la Guerra fue reducida, y el Imperio ganó
homogeneidad dogmática y cultural. El periodo de la dinastía
macedónica (867-1025) es generalmente caracterizado como
un periodo próspero. Después de una serie de grandes
guerras, el Imperio Bizantino comenzó la expandir sus fronteras
para Asia Menor, Siria, Mesopotamia, Armenia, Georgia, hasta Danubio.
La expansión también ocurría para el oeste,
y el Imperio pasaba a realizar un intenso intercambio cultural con
Europa Occidental. A pesar de muchos problemas enfrentados en el
campo de la política internacional, grandes avances fueron
observados en la vida social y económica, así como
en la actividad artística e intelectual. El periodo comprendido
entre los años de 1025 a 1081 es caracterizado como crítico
para el Imperio Bizantino. Los emperadores de este periodo o eran
muy débiles, o no tenían la moral y el apoyo necesarios
para realizar un buen gobierno. La crisis social y económica
llegaron a su auge, llevando a cambios graduales en la organización
social y militar del Estado. Este fue el inicio del declive. En
1025, los límites del imperio estaban seguros y bien extensos,
después de tantas guerras. Sin embargo, la resistencia de
bárbaros comenzó a crecer en el siglo XI. Los enemigos
externos atacaban por todos los lados de las fronteras. En 1054,
ocurrió la Cisma del Oriente, entre los romanos y la Iglesia
del Leste. En 1071, ocurrió la primera derrota del Imperio
Bizantino, en la batalla de Mantzikert. Estos dos eventos fueron
críticos en la historia del Imperio Bizantino, y prácticamente
definieron su declive y su consecuente fin. En 1204, la Cuarta Cruzada
de los Latinos tomaron Constantinopla, dando inicio al periodo de
derrumbe del Imperio. A pesar de eso, los bizantinos resistieron
en su territorio durante mucho más tiempo después
de la toma de su capital, aunque sin ninguna organización
o cohesión popular en torno de un objetivo común.
El fin oficial del Imperio ocurrió en 1453, cuando fueron
definitivamente dominados por los turco-otomanos.
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